Los templarios de Villalpando en el proceso

La información que tenemos sobre la encomienda templaria de Villalpando es más bien escasa, por lo que adquiere especial relevancia su aumento durante los últimos momentos de su historia. La participación de estos templarios en el proceso está debidamente documentada, así como las vicisitudes que siguieron algunas de sus propiedades después de la abolición de la Orden del Temple.

En el juicio de Medina del Campo

Todos los templarios de Castilla y León fueron convocados a un juicio en Medina del Campo, a celebrar el 27 de abril de 1310. La citación la hizo el arzobispo de Toledo en nombre del papa y por ella se emplazaba nominalmente al maestre provincial y a 86 freires, a la vez que en algunas encomiendas y casas se requería colectivamente “a sus freires o hermanos que acostumbraban a vivir en ellas”.

Por esa citación sabemos que el comendador de Villalpando era freire Lucas, sin que sea posible encontrar más referencias sobre su persona. A los templarios de Villárdiga se les envió una convocatoria colectiva, como ”moradores habituales” de la encomienda.

Aparte de esas notificaciones, la encomienda de Villalpando también aparece en los interrogatorios como el lugar donde se produjo un suceso contado por Rodrigo Rodríguez, uno de los testigos de cargo. Su testimonio es muy gráfico[1]:

“Dijo también que oyó que unos frailes franciscanos visitaron al maestre de la Orden del Temple en Villalpando o en Mayorga[2]; el maestre estaba leyendo un libro pequeño y, en cuanto vio que los frailes entraban en la casa, lo metió en un estuche que cerró con llave y que guardó en otro más grande que también cerró con su llave; y finalmente puso ambos en una arqueta que también candó.

Al preguntar los frailes al maestre qué clase de libro era ese que guardaba con tanto esmero y bajo tantas cerraduras, el maestre les contestó que, si ese libro llegara a caer en manos extrañas, se produciría un gran daño a la Orden del Temple”.

Este relato fue aportado como prueba inculpatoria. Junto a los grandes pecados (apostasía, sodomía y herejía) que sus detractores achacaban a los templarios, había otra imputación que agravaba la sospecha que envolvía la vida del Temple: el secretismo con que rodeaban sus ritos y costumbres, que dificultó entonces la comprensión de su comportamiento y que, pasados aquellos acontecimientos, permaneció como una de sus características.

Los bienes de los templarios en Villalpando

La destrucción de archivos, que tanto ha perjudicado a la historia de nuestro pueblo, también afectó y, de manera muy grave, al tema que nos ocupa. Se perdió prácticamente toda la información directa y la que nos ha llegado presenta muchas lagunas y carencias, pues se trata de testimonios incluidos en documentos ajenos a la Orden del Temple, con frecuencia limitados y parciales. Con esta constatación previa anticipo el carácter hipotético de algunas afirmaciones que siguen.

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Santa María del Templo (actual sede del Ayuntamiento de Villalpando)

Los especialistas en la historia del Temple tienden a relativizar importancia de sus propiedades en León y Castilla. En su estudio sobre la disolución de la orden, Estepa Díez[3] describe las características generales de las propiedades templarias en estos reinos, distinguiendo entre las zonas amplias de señorío templario situadas en la parte meridional de la Extremadura actual, con dehesas extensas y villas fortificadas, y las localizadas al norte de Duero, en general más limitadas y menos dotadas de defensas. A partir de esos criterios clasifica las encomiendas en tres categorías según la importancia de sus tierras: grande, mediana y pequeña.

Según estos criterios, la significación de la encomienda de Villalpando en el conjunto de las propiedades de la Orden del Temple en Castilla y León era más bien modesta y se encontraría en la tercera categoría antes indicada, mientras que otra encomienda cercana, la de Mayorga, se encontraría entre las medianas. A efectos comparativos, incluyo esta referencia porque disponemos del inventario de las propiedades de esta última tal como fue elaborado por orden de la comisión pontificia de Medina del Campo y en él se hace patente que sus bienes no alcanzaban la relevancia de los latifundios templarios del sur ni tampoco la importancia económica y política de las encomiendas rurales de otros reinos, como pone de manifiesto Bordanove en el caso de Francia[4].

Centrándonos en la encomienda Villalpando, se puede afirmar que no era una encomienda castillera, como las de Ponferrada o de San Pedro de Latarce, ni jurisdiccional, como la de Alcañices, sino que se trataba de “un centro administrativo de unos bienes dispersos por varias localidades de la Tierra de Campos próxima”[5].

Aparte de algunas propiedades que la tradición atribuyó a la Orden del Temple, como la laguna Comendadora, en los documentos existentes consta que poseía la iglesia de Santa María del Templo, junto a la cual se encontraba el “castillo de piedra”, que casi con toda certeza fue la sede fortificada de la encomienda y de cuya naturaleza y dimensiones sólo podemos hacer conjeturas más o menos fundadas. También están documentadas unas casas en Villalobos, una propiedad en la aldea de Villavicencio y, sobre todo, los bienes que motivaron un pleito entre algunos vecinos de la villa y el arcediano de Valderas, que pretendía arrebatarles los bienes arrendados a los templarios antes de su abolición, como veremos en el apartado siguiente.

El destino de los bienes de la Orden del Temple

Durante el juicio de Medina del Campo, una vez terminados los interrogatorios de los freires templarios, los obispos enviaron cartas a todas las diócesis de Castilla y León ordenando un inventario de los bienes de la orden a fin de poner coto al expolio iniciado por el rey Fernando IV en los primeros momentos del proceso. La disposición de los obispos era tajante y dejaba poco margen a interpretaciones:

“Bajo pena de excomunión, se manda a todos los fieles que restituyan a los nuevos administradores de la Orden del Temple cualquier cantidad de dinero y los bienes muebles e inmuebles, ya sean encomiendas, hospitales, casas, granjas, castillos y lugares, ganado y animales, así como jurisdicciones y derechos”.

En el mismo sentido se pronunció el concilio de Vienne (1312), de modo que el papa Clemente V decidió que todos los bienes de los templarios fueran entregados a la Orden de San Juan, la otra gran orden militar internacional, a excepción de los situados en “los reinos y tierras de nuestros amadísimos hijos los ilustres reyes de Castilla, Aragón, Portugal y Mallorca, fuera del reino de Francia, que se reservan a lo que disponga y ordene la Sede Apostólica” (Ver El ocaso de los templarios).

Esta moratoria fue aprovechada por el rey de Castilla para afianzar el control que ejercía de hecho sobre los bienes del Temple y dio lugar a conflictos como el que tuvo lugar en Villalpando en 1317. Según un documento del archivo parroquial[6], Miguel Fernández, arcipreste de la villa, recibió un mandato del arcediano de Valderas, representante del obispo de León en la comarca, para que “entrase y tomase en su nombre todos los bienes y heredamientos” que la Orden del Temple tenía en Villalpando y su término.

Ante la requisitoria dos vecinos de la villa y un clérigo de Amaldos, arrendatarios de algunos de esos bienes, se negaron a cumplirla, pues habían recibido esos bienes de “frey Román Pérez, prior de lo que ha la Orden del Templum Domini en los regnos de Castiella, e de León e de Portugal, que nos los arrendó a cada uno de nos los bienes que ende tenemos, de que es pagado el prior sobredicho de la quantía que le oviemos de dar por aquel tiempo que nos los arrendó”.

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Nave de la iglesia de Santa María del Templo, Villlalpando

La respuesta no convenció al arcipreste que, “obediente al mandato del arcediano” les ordenó que en el plazo de seis días se los devolviesen y le entregasen los frutos conseguidos. De no hacerlo, incurrirían en excomunión que sería proclamada por todos los clérigos del arciprestazgo.

Los arrendatarios no se achantaron, sino que pasaron a la defensiva y negaron al arcediano competencia en el pleito, pues era demandante y juez; y para evitar sus represalias, buscaron el apoyo de sus amigos y apelaron al papa poniendo los bienes propios y los de sus amigos “so el señorío e so el poderío de nuestro señor el papa”.

No hay constancia de la resolución de este pleito, pero su planteamiento y su desarrollo son buena muestra de los conflictos provocados en torno a los bienes de Orden del Temple abolida pocos años antes. Para Martínez Díez se trató de un conflicto de jurisdicciones: “el prior de los bienes secuestrados es un oficial pontificio, pues sólo el Papa puede designar un oficial para los tres reinos; a su vez el arcediano de Valderas y su delegado el arcipreste de Villalpando representan a la autoridad del rey o del obispo que desean intervenir en la administración de los bienes de la extinguida orden” [7].

Por otra parte, los bienes en litigio debían ser tan importantes para los arrendatarios como para meterse en un pleito de tal envergadura y apelar al mismo papa aportando como aval los bienes propios y los de sus amigos.

Concluyendo

Al parecer, las disposiciones de los representantes de la Iglesia no fueron obedecidas por los reyes de Castilla y León. Alfonso XI siguió repartiendo generosamente los bienes de los templarios entre sus partidarios más fieles, de modo que en 1341 concedió a Juan Alfonso de Benavides “todos los lugares, vasallos y heredamientos que tenían la Orden del Temple en la ciudad de Salamanca y sus términos y en la villa de Villalpando” (Ver ¿Villalpando templario?). Propiedades que Enrique II recuperó para la corona en 1369 y que, en unión con la villa y todas sus aldeas y términos, entregó como señorío a Arnao de Solier en pago a los servicios prestados en la guerra contra su hermano Pedro I.

Durante todo el tiempo que transcurrió entre el proceso de los templarios y la creación del señorío de Villalpando, se sucedieron las reclamaciones de los papas hasta 1373, año en que el papa Gregorio XI presentó la última, tras la cual quedó zanjado la cuestión de los bienes templarios en Castilla por la fuerza de los hechos.

[1] Traducción de un documento incluido por A. Javierre Mur en “Aportaciones al estudio del proceso contra el Temple de Castilla”, Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, LXIX, 1, 1961, págs.. 98-99.
[2] Aunque según la declaración del testigo, el hecho denunciado ocurrió en una u otra villa de Tierra de Campos, los historiadores suelen situarlo en la primera.
[3] C. Estepa Díez,”La disolución de la Orden del Temple en Castilla y León”, Cuadernos de Historia. Anexos de la revista Hispania, 6, 1975, 121-186.
[4] G. Bordonove, La vida cotidiana de los templarios en el siglo XIII. Madrid, Temas de Hoy, 1989, págs.. 123-138.
[5] G. Martínez Díez, Los templarios en la Corona de Castilla. Burgos, La Olmeda, 1993, pág. 98.
[6]A. Vaca Lorenzo, Documentación medieval del Archivo Parroquial de Villalpando (Zamora). Ediciones de la Universidad de Salamanca, 1988, doc. 18.
[7] G. Martínez Díez, Los templarios en la Corona de Castilla. Burgos, La Olmeda, 1993, pág. 98.

Un comentario en “Los templarios de Villalpando en el proceso

  1. Interesante trabajo con especial interlocución de tú tierra:Villalpando, y de los frailes y su patrimonio cultural.Enhorabuena y que vendas muchos ejemplares en un país en el que cada día se lee menos. Un abrazo de tú compañero en la USAL.
    Angel San Juan Marciel

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