La tenencia de Villalpando

 

 A medida que los reyes de León fueron extendiendo su control territorial, crearon estructuras políticas que lo consolidaron y mantuvieron durante siglos. Tal es el caso de las tenencias o cesiones territoriales que hicieron a nobles de su confianza a fin de que les representaran en las mismas y las utilizaran, a cambio del beneficio que produjeran. Los privilegiados con esas cesiones recibieron nombres diversos (potestas, dominante, mandante, dominus, senior…), si bien predominó el de tenente.

En un territorio determinado, que era simultáneamente una demarcación militar y administrativa, el tenente ejercía la autoridad como delegado del poder regio con las mismas atribuciones que el rey poseía en todo el reino. Según esto, presidía la asamblea que administraba justicia, percibía los tributos, reclutaba la hueste para la guerra y nombraba a los vicarios, merinos y sayones que necesitaba en el desarrollo de esas tareas.

Para evitar el riesgo de que los ocupantes cayeran en tentaciones señoriales, es decir, de que llegaran a considerar como propios los derechos que sólo ejercían como delegados, los reyes de León se encargaban de trasladarles o deponerles cuando lo consideraban oportuno.

A partir del estudio de las tenencias en la Tierra de Campos zamorana, Gutiérrez Vidal, resume con acierto el sentido y el funcionamiento de esta institución entre los siglos XI y XIV:

“En definitiva, las tenencias, en manos de nobles o miembros de la familia real, se convertían en un instrumento para el ejercicio del poder por el rey, o lo que es lo mismo, el ámbito donde se articulaban las relaciones entre el poder central y los poderes locales. A través de ellas se consolidaba la relación, compleja, entre el poder central regio y el poder local, a través de la mediación de estos representantes o, en algunos casos, mediante la delegación del poder en aquellos grupos locales. Pero, a su vez, algunos de estos magnates lograron reunir en sus manos varios puestos de la administración del reino, como merinos, mayordomos, convirtiéndose en auténticos señores jurisdiccionales en base al dominio regio. Con el paso del tiempo aumentaría su poder, al aumentar las cargas y derechos propios del señorío del rey, en los siglos XII y XIII”[1].

 

Los tenentes de Villalpando

La primera referencia al ejercicio de este cargo en Villalpando la encontramos en el año 1146, cuando lo desempeñaba Ponce de Cabrera, y la última del año 1368, con la “reina”[2] como tenente. Entre ambas fechas y de manera ininterrumpida, hay constancia documental de la vigencia de los personajes que ocuparon administraron esa tenencia. Conviene insistir en ello, ya que esta constatación es una prueba inequívoca del carácter de realengo que tuvo durante todos esos años la villa y tierra de Villalpando.

Examinando detenidamente la lista que nos proporciona Gutiérrez Vidal con los tenentes y merinos responsables de la administración del realengo en la Tierra de Campos zamorana durante los años indicados[3], se pueden distinguir dos períodos según su grado de vinculación con el rey:

En un primer período (1146-1207) la tenencia es ejercida por miembros de la alta nobleza del reino de León, entre los que sobresale Ponce de Cabrera, cuyo mandato se prolongó hasta 1162. Hay una excepción en torno a 1177 cuando desempeña ese cargo la reina Urraca de Portugal, mujer de Fernando II de León.

En un segundo período (1207-1368) la tenencia es ocupada por miembros de la familia real, especialmente por reinas consortes, tanto personalmente como a través de un tenente nombrado por ellas. Destacan en este período Berenguela de Castilla (1207-1237), Violante de Aragón (1291-1293), Constanza de Portugal (1304-1313) y María de Portugal (1336-1356).

Teniendo en cuenta su relevancia para Villalpando y su tierra se consideran más significativas las tenencias de Ponce de Cabrera y de Berenguela de Castilla, por lo que se ofrece un resumen de las mismas.

 

Ponce Giraldo de Cabrera (1105-1162), personaje muy singular en el siglo XII leonés, fue el primer tenente de Villalpado del que se tiene constancia unas veces como Conde Ponce y otras como princeps de Zamora.

De origen catalán, hijo de del vizconde de Ager y Gerona, llegó a León acompañando a Berenguela, hija de Ramón Berenguer III, conde de Barcelona, que venía para casarse con Alfonso VII de León.

Desde el primer momento gozó del favor del rey leonés y se instaló definitivamente en la corte de su nuevo señor. Su participación activa  en la vida del reino, tanto en la curia regia como en las campañas militares, hizo que ya en 1141 se hubiera convertido en un noble de confianza de Alfonso VII, que le nombró mayordomo de la corte y le encomendó sucesivamente las tenencias de territorios tan importantes como Salamanca, Castrotorafe y Zamora y, a partir de 1146, la tenencia de Villalpando, cargo que ocupó durante más de veinte años. En esta época fundó el monasterio de Moreruela.

La llegada de Fernando II al trono leonés supuso un declive en su influencia hasta el punto de que durante algunos años se vio obligado a traladarse al reino de Castilla y ponerse al servicio de Sancho III. Reconciliado con el rey leonés, recuperó la  sus tenencias anteriores, incluida la de Villalpando, que mantuvo hasta su muerte[4].

 

Berenguela de Castilla (1180-1246), hija de Alfonso VIII de Castilla, fue la tenente de Villalpando que ocupó este cargo durante más tiempo, desde 1207 hasta después de 1237, o sea más de treinta años, aunque no siempre lo ejerció personalmente, sino a través de nobles de su confianza.

Accedió a esta tenencia como parte del acuerdo que dio lugar a su matrimonio. Desde su

AlfonsoBerenguela
Alfonso IX de León y Berenguela de Castilla

celebración, el matrimonio de esta infanta castellana con Alfonso IX de León fue un sucederse de episodios novelescos con final feliz, pues fue fruto de una intriga política que pretendía dirimir, una vez más, los enfrentamientos entre ambos reinos a causa de la indefinición de su frontera común. Los tratados fronterizos se sucedían, pero bastaba cualquier pretexto para retornar al punto de conflicto anterior.

En las capitulaciones matrimoniales, que más bien parecen un nuevo tratado fronterizo, Alfonso VIII de Castilla daba a su hija Berenguela todos los lugares que había tomado al reino leonés en guerras anteriores; y Alfonso IX de León entregaba como dote a la novia la torres de León, Astorga, Valencia de Campos y otros treinta castillos distribuidos por todo el reino, a la vez que, como aval, ofrecía al rey castellano, su futuro suegro, otras diez plazas. La tenencia de esta dote sería confiada a doce caballeros, vasallos de Berenguela, pero las villas y los castillos siempre deberían estar al servicio del rey. También se planteaba y solucionaba toda una casuística que contemplaba, como situaciones hipotéticas, que el rey leonés matase, maltratase o tuviese cautiva a su mujer… Desde luego, en el documento había de todo, menos confianza mutua; el recelo era enorme y, en gran medida, estaba justificado por las enemistades y guerras que ambos reinos habían mantenido durante los cuarenta años anteriores.

El matrimonio se celebró en el año 1197 con el consentimiento del papa Celestino III, ya que los novios eran primos. Ese consentimiento dudoso dio pie al nuevo papa Inocencio III a anular el matrimonio en 1204; en ese momento ya habían tenido cuatro hijos cuya legitimidad fue reconocida por el papa, al haber obrado de buena fe. Entre ellos se encontraba el que llegaría a ser Fernando III.

Berenguela regresó a Castilla, pero seguían vigentes las capitulaciones matrimoniales y, en consecuencia, las villas leonesas entregadas como dote tuvieron con frecuencia un tenente castellano, como fue el caso de Villalpando. Esta situación provocó enfrentamientos armados entre los concejos leoneses y los tenentes castellanos, que obligaron a nuevos tratados fronterizos (Cabreros en 1206 y Valladolid en 1209) hasta que cambiaron definitivamente las circunstancias cuando Fernando III, hijo del rey leonés y nieto del castellano unió ambos reinos bajo la misma corona en 1230, gracias a la habilidad diplomática de su madre.

 

Conclusión

El 12 de noviembre de 1369 Enrique II puso fin al carácter realengo de la villa y tierra de Villalpando. Como pago por haberle ayudado a derrocar a su hermanastro Pedro, se la entregó a Arnao de Solier, capitán de las Compañías Blancas de Bertrand du Guesclin,

Algunos años más tarde, en 1391, los villalpandinos estuvieron a punto de recuperar el carácter realengo para su villa negándose a reconocer como señora a María de Solier, pero el rey, ahora Enrique III, confirmó su pertenencia a la heredera de don Arnao, casada con Juan de Velasco, hombre de confianza del monarca.

 

[1] César Gutiérrez Vidal, La Tierra de Campos zamorana: Organización social de un ámbito comarcal en la Edad Media (siglos X-XV). Universidad de Valladolid, 2010. Tesis doctoral.

[2] Me ha sido imposible averiguar a qué “reina” se refieren los documentos de 1368 consultados: no podía ser la reina María de Portugal, madre de Pedro I y tenente de Villalpando durante bastantes años, pues  había fallecido en 1357. Pudiera tratarse de Juana de Castro, reina consorte desde 1354, pero no se puede confirmar.

[3] En la tesis citada, págs. 254-263.

[4] E. Fernández-Xesta y Vázquez publicó una biografía muy interesante y bien documentada sobre nuestro personaje: Un magnate catalán en la corte de Alfonso VII: “Comes Poncius de Cabreira, Princeps Çemore”. Madrid,  Prensa y Ediciones Iberoamericanas, 1991.

NOTA: La imagen destacada está tomada de un pergamino que se encuentra en la Hispanic Society of America, y reproduce una escena de la época, descrita por  Chao Prieto como sigue: «En el centro aparece el abad Willelmus recibiendo la donación de manos del Emperador, quien figura a la derecha portando una especie de rama que recuerda a esa especie de Árbol de la Vida que tanto abunda en las monedas leonesas de la época. A Alfonso lo protege uno de los principales personajes de su corte: el conde Ponce de Cabrera, de origen catalán, que fue su mayordomo, y que actúa a modo de testigo oficial. A la izquierda del abad, casi como si de dos gemelos se tratase, podemos ver los dos hijos del Emperador: Sancho III, futuro rey de Castilla, y Fernando II, futuro rey de León. Sancho está abrazando, con su brazo izquierdo, a su hermano» (Diario de León, 24 de febrero de 2011).

 

2 comentarios en “La tenencia de Villalpando

  1. Es muy ameno y gratificante poder leer estos comentarios tan bien documentados sobre nuestra villa y su historia.
    Gracias, mil veces, por compartir tu trabajo; algo que, pienso,debería estar más divulgado en Villalpando. Conociendo nuestras raíces podremos cuidar nuestro patrimonio, sintiéndonos orgullosos del esfuerzovque supuso para nuestros antepasados.

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